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  • Proyecto de Pintura / Guillermo Grebe / 2015

Estados Vacuos


“No se alarme, esto es inanimado”

David Hockney

Eso es la pintura; un experimento de inmovilización de una realidad aparente, el sintoma de una aparente movilidad en el vacío.

Todo lo que SE PINTA es una acción simulada, los modelos académicos llamados los reflectores de luz y sombra sirven para establecer realidad concreta: La luz o su ausencia.

Pero en el modelaje de proyección de nuevos mundos, escenas, historias, cuentos, sueños, inventos, retratos y autoretratos, copy y paste desde el dibujo croquiado, el digital, etc. Existe un tempo animado que se congelará en el soporte. Una intención de desmovilizar la realidad, de plasmarla en un vacío silencioso llamado pintar; aunque los tiempos de secado y procesos de la química de la pintura quieran devolvernos el movimiento del tiempo -el pintor demora su obra (tiempo natural oficioso)- la realidad en relación al tiempo luz, tiempo pensamiento, tiempo procesos quedaré inevitablemente plasmada en un solo short cut: el cuadro pintado.

Dicho esto que es común al oficio y al proceso de taller y no es nada nuevo aflora la vacuidad, no como un espejo del vacío o de la huecura de un discurso literario o literal si se quiere, la vacuidad surge como un acompañamiento diario casi inherente al YO porque en ese campo del vacío el espacio para el logro del resultado objeto-pintura puede ser tan malo y hueco como brillante y profundo; en el vacío se salta o no se salta. Sólo los atrevidos serán los maestros que han convertido esa vacuidad en algo que provoque una conversación con la obra.

En este sentido no hay una relación más enigmática y apasionante entre el trabajo y el objetivo que el del pintor profesional con la vacuidad y por tanto es en extremo político puesto que es desde ahí que el artista surge como un espejo innovador , un espejo de si mismo como ente social que habita y propone un lenguaje propio.

LA VACUIDAD COMO SIGNIFICADO

Me parece que la manera más profunda y que tiene relación además con lo planteado anteriormente es el significado del termino vacuidad que propone el budismo. La última verdad se divide en la vacuidad del yo y la vacuidad del cuerpo. Veamos:

Dice el budismo que la vacuidad es la carencia de existencia inherente. La mente de autoaferramiento proyecta de manera errónea una existencia inherente a los fenómenos. Todos los fenómenos aparecen ante nuestra mente como si existieran de forma independiente y, sin darnos cuenta de que esta apariencia es equívoca, asentimos instintivamente a ella y aprehendemos todos los fenómenos como si existieran de forma inherente y verdadera.

En la realización de la vacuidad hay dos etapas. La primera consiste en identificar con claridad el modo en que los fenómenos aparecen ante nuestra mente, como si existieran de forma inherente, y cómo creemos con firmeza que esta apariencia es cierta. Este proceso es lo que se llama «identificación del objeto de negación». Para que nuestra comprensión de la vacuidad sea correcta es de suma importancia comenzar con una idea clara de lo que hemos de negar. La segunda etapa consiste en refutar el objeto de negación, esto es, probarnos a nosotros mismos por medio de varios tipos de razonamientos que el objeto de negación en realidad no existe. De este modo, llegaremos a realizar la ausencia o inexistencia del objeto de negación.

Fuente: http://www.proyectosalonhogar.com/Buda/vacuidad.html

LA VACUIDAD COMO TEMA DE PINTURA

Los fenómenos existen en la medida que la mente se aferra a ellos. La explicación es clara; todo es un asunto mental. Lo vacuo sin embargo es la carencia de una existencia inherente como dicen los budistas. Toda existencia es explicable a través de una identificación de algo que negaremos y luego como refutación de esa negación para terminar en realidad convencidos de que eso que existe en realidad no es.

Pareciera ser un juego laberíntico cerebral, lo es si lo miramos desde la ontología, lo que se explica tiene un sentido metafísico y espiritual, pero si lo llevamos a lo doméstico y lo cotidiano este vaivén explica de manera muy precisa la actividad del movimiento vacío o la animación recreada por el ojo lector de la audiencia de la pintura.

Reafirma lo dicho en el primer punto; las vicisitudes de la pintura entre lo que se obra y lo que se recibe como observación experiencial del producto reafirma el deseo de ambas partes; artista y observador (acaso protagonista??).

La temática entonces se puede abrir fácilmente a terrenos de la intimidad enfrentada a una realidad externa aparente o real y que puede ser interpretada y negada a la vez convirtiendo la experiencia vivencial en algo que se acomode a una conveniencia de sobrevivencias. Nada mejor que observar una realidad estando inmóvil esperando que la confirmación de lo experienciado sea un evento que nos haga existir confortablemente. Nos conviene, nos contiene y nos relaja poder entender lo que vemos y el arte es una excepción políticamente incorrecta y aceptada a la vez socialmente porque nos refleja en el espejo de lo negado como realidad incómoda y refutable por conveniencia ya que en definitiva esa realidad se convierte en algo inanimado, un movimiento vacío, una respuesta a lo que sabemos pero negamos. La vacuidad es un instrumento concreto que hace que la incomodidad no sea razón para temernos a nosotros mismos.

Los Estados Vacuos son finalmente una manera de interpretar el presente actual político y social de Chile. Hablo aquí de la seducción por los objetos de valor que escondemos para nosotros mismos y en nuestros espacios íntimos donde solo los que se parecen a nosotros pueden compartir. Sociedades que se confirman en realidades individuales y segmentadas de todo afecto por lo colectivo y lo público. Los objetos de valor están adentro, en nuestros entornos primeros. Los afectos a nuestras espaldas encerrados en barrios donde nadie conoce a nadie, donde hay que cuidarse permanentemente, donde se habla en silencio, donde se cultiva el nulo compromiso con el otro y por tanto el no respeto a ese otro es algo común y corriente en el entramado social. Todo esta ligereza contrasta con la deconstrucción de lo natural convertida en serie televisada masificada y morbosa. La realidad es una verdad desmoronada de un espacio que está plagado de catástrofes propias de la naturaleza; terremotos, volcanes, desbordes de ríos, aludes y otras provocadas por el habitante como incendios de bosques nativos, contaminaciones de las aguas, uso irresponsable del territorio, etc. Los chilenos y chilenas viven en permanente reality show de sus propias condiciones y esto lo plasman en un inconsciente colectivo de difícil contención puesto que se ha convertido en costumbre que solo se re-visita cada cierto tiempo frecuente, luego de ello regresa el olvido y el egocentrismo. El retorno a la vacuidad que es donde se construye una realidad vacía, triste, ignorante y aislada del mundo.

No existe mayor contrato social que el que uno hace con uno mismo o con sus pares ideológicos en este país. No hay impermanencia hay temor a ella, no hay generosidad, hay sólo vacuidad porque se ha diseñado una realidad existencial colectiva que se sostiene por pequeños pilares fáciles de canjear: eres lo que vales y lo que tienes por lo tanto tienes un precio según la Ley de mercado no.1. Tener precio es vacuo pero es una realidad colectiva como lo es la opinión de que en Chile las instituciones funcionen, que la democracia es en la medida de lo posible, que los presidentes no mienten y gobiernan con los mejores, que la economía social de mercado es el mejor modelo para países como Chile, y que Chile es un modelo ejemplar en la región, en todo sentido.

Mentiras verdaderas, donde se sostienen la vacuidad y el sentido de la gran cueva donde convivimos sin contratiempos como ordenados y adecuados seres en un mundo desordenado y caótico.

Los chilenos quieren verse ordenados y buenos pero no son más que una masa de personas enfermas, tristes, ignorantes y agresivas. Las realidades afloran tarde o temprano y se devuelven en negaciones permanentes, en ideológicas refutaciones, en una suerte de consuelos baratos pero eficaces contra el autoflagelo diario de vivir. La realidad se nos cae como una bomba y no conviene verla, es dolorosamente hueca, suena al estallar pero no suena hacia adentro de nuestras cuevas escindidas de lo que pasa afuera.


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